Una aproximación a la historia del perfume
Los orígenes de lo que conocemos hoy como perfume, se remontan a miles de años. Existen evidencias de que las sociedades primitivas y sus integrantes, utilizaban la quema de maderas y resinas aromáticas como medio para comunicarse con sus divinidades. Esta acción se denominó como Per Fumum en latín (a través del humo), derivando posteriormente en el término perfume.
Con la finalidad de situar históricamente la evolución del perfume hasta lo que conocemos hoy, podemos situar su uso intensivo desde la Antigüedad (3000 a.C. – 500 d.C.) en civilizaciones tan disímiles y distantes entre sí como Mesopotamia, Egipto, India y China, entre otras, que utilizaban aceites y aromas para rituales y ceremonias con fines espirituales.
En el caso de Mesopotamia, el descubrimiento de una tablilla cuneiforme hacia el año 1200 a.C., proporcionó distintos elementos respecto del uso del perfume, entre ellos que los primeros perfumistas de la historia fueron mujeres, figurando los nombres de Tapputi-Belatekallim y -Ninu (la primera parte es ilegible) y quienes estarían al servicio del rey Tukulti-Ninurta I. Estas primeras perfumistas crearían perfumes con mezclas de flores y plantas que desprendían un agradable olor y a su vez tenían propósitos medicinales como el Cyperus calamus, la mirra y bálsamos (Cardona, 1995).
Acercándonos hacia el continente africano, a orillas del río Nilo, podemos encontrar en la antigua civilización egipcia, gran evidencia del uso de perfumes elaborados a partir de las esencias naturales disponibles en su territorio. Como grandes productores, los egipcios comercian, adaptan y se abastecen de materias primas para ser usados en las distintas ceremonias, fiestas y rituales religiosos, tales como el styrax, el azafrán, el gálbano, el opopanax y el ânti (Cardona, 1995).
Asimismo, se documentó también que los sacerdotes egipcios utilizaban de las esencias de acuerdo con el momento del día: olíbano (Frankincense), conocido en la actualidad como incienso, al amanecer, mirra a mediodía y el famoso kyphi al anochecer. Este último es el más conocido de los perfumes egipcios, elaborado con diversos ingredientes en base a una fórmula compleja.
Avanzado el tiempo y manteniéndonos en la zona del Mediterráneo, griegos y romanos adoptaron y refinaron las técnicas de la perfumería heredadas de los egipcios y lo incorporaron en sus sociedades como un bien de uso frecuente, especialmente en las capas de la alta sociedad.
Por su parte, la perfumería griega tiene sus antecedentes en el siglo XIII a.C. a través de la influencia de Creta, Micenas, Chipre y sus contactos con Egipto y Asia Menor, perdurando hasta aproximadamente el año 150 a.C. Esta perfumería usó plantas mediterráneas aportadas por los comerciantes fenicios desde diferentes lugares (tomillo, hinojo, rosa, lirio, incienso, mirra, cardamomo, azafrán, entre otros). Cabe señalar que los griegos llenan de perfumes sus mitos, perfumaban con aceites las estatuas de sus dioses, así como los cuerpos de los atletas y de las mujeres. Las expediciones militares a las tierras perfumadas y profundas de Oriente dejaron inevitablemente una marca olfativa en los ejércitos griegos y en especial en Alejandro Magno (un gran aficionado a los perfumes e inciensos): se dice que desde que entró en contacto con estas tradiciones aromáticas ajenas a su cultura, el macedonio hizo que sus habitaciones fueron rociadas con ricos perfumes donde quiera que estuviese (Lázaro, 2024).
Un importante vestigio del arte griego y la perfumería, se encuentran en el desarrollo de los frascos y vasijas de cerámicas que se usaban para guardar perfumes, consideradas auténticas obras de arte, debido a que el cristal no aparecería hasta el siglo I a.C.
La mitología griega tiene numerosas referencias al perfume. Afrodita, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, se presenta siempre precedida de un aroma a rosas. Cuenta la mitología que las rosas eran sus propias lágrimas, que había derramado por el joven Adonis mientras él agonizaba en sus brazos. Sus lágrimas dieron rosas blancas, pero algunas se tiñeron de rojo, el rojo de su sangre, herida en unas zarzas en su desesperación por socorrer a su amante. Otra versión sugiere que el perfume nació cuando Afrodita salpicó una rosa con una gota de sangre, que adquirió un precioso color rojo. Después, su hijo Eros la besó, dotándola de un maravilloso aroma (Academia del Perfume, 2024).
En tanto, los romanos tenían ya la costumbre de utilizar los perfumes como parte de su rutina diaria, llegando incluso a condicionar su estatus social. Perfumarse su piel, ropa y lugares públicos era parte de la costumbre diaria.
Una gran contribución de los romanos fue la conformación de los ürguentari, quienes eran artesanos que transmitían sus recetas secretas a sus descendientes de manera que protegían sus creaciones y negocio.
Durante esta época, existían 3 tipos de perfumería: Sólidos, los cuales eran creados con solo un ingrediente; Ungüento: era creado con flores y especias y se ponían en aceite, generalmente en aceite de oliva. Cabe destacar que la ventaja del aceite vegetal es que hacía que los aromas tuvieran mayor duración y finalmente en polvo, en las flores eran hechas polvo y se le añadían ciertas especias.
En cuanto al envasado, a diferencia de los griegos que envasaban en cerámica, en Roma se almacenaban en cristal no solo por la conservación, sino también porque era más barato el material además de ser reutilizable y reciclable.
Los aromas en Roma también tenían un uso importante en los ritos y ceremonias. Los aceites con aromas se entregaban como ofrendas en altares familiares de los dioses o antepasados, al igual que en estatuas de culto y animales que eran sacrificados. Incluso, en lo que eran las necrópolis romanas los ungüentarios romanos eran lo más utilizado en funerales para después colocar el aroma en el cuerpo del difunto (Noain, 2024) .
Con la llegada de los bárbaros a fines del siglo IV y las continuas invasiones en diversos frentes del gran imperio, éste, alguna vez todopoderoso, poco a poco se fue debilitando. De la misma forma, la progresiva cristianización minimizó el uso personal de perfumes, llegando a estar en muchos casos prohibidos por las nuevas creencias. Sin embargo, con el tiempo, el uso de los perfumes va adquiriendo una fuerza mística y se usan de forma selectiva y simbólica en las distintas ceremonias religiosas. Si bien perfumarse no era frecuente en la mayoría de las sociedades durante el medioevo, en la Biblia encontramos antecedentes místicos sobre el uso de este noble producto en ocasiones especiales: incienso y mirra acompañan al oro en el regalo de los Reyes Magos a Jesús de Nazaret por su nacimiento o, posteriormente, el momento en que la hermana de Lázaro unge los pies de Jesús con perfume.
Durante la Edad Media, y en particular durante la segunda mitad de esos 1000 años de período histórico, el perfume resurge con el Imperio Bizantino localizado en la parte del Mediterráneo oriental. Constantinopla es un gran centro comercial y espacio de intercambio entre Europa, Asia y Medio Oriente. La riqueza y novedad de algunas materias primas importadas impulsan nuevamente su elaboración. Se incorpora el ámbar gris y el agua de rosas, traídas desde rutas comerciales de oriente. El regreso de los soldados de las cruzadas, los viajes y el intercambio aportan nuevas esencias, ingredientes y técnicas. La clase alta utiliza fragancias en recipientes perforados de oro y plata sujetos en el cuello o la cintura. Y se elaboran esencias con fines medicinales (González, 1994).
Los aromas más populares de esa época eran la rosa, el almizcle, la agalia, violeta, la lavanda, el agua de azahar y el sándalo. Los perfumes caros y difíciles de obtener se guardaban en barriletes de cristal o de metal, que más tarde tomaron el nombre de pomaderas (Academia del Perfume, 2024).
En la Edad Media nace el uso de las «pomas» ya que neutralizaban los malos olores que desprendían los vestidos de las damas de la nobleza de aquella época, ya que usaban telas muy pesadas y delicadas que no se lavaban para no estropear el tejido. Estos aromatizadores estaban fabricados en oro, plata y piedras preciosas, dentro tenían una esencia que al mover la poma desprendía el olor. Los aromas más populares fueron el ámbar, el almizcle y la rosa.
Fueron los árabes los que aplicaron la alquimia a la industria del perfume. Esta nueva ciencia tenía como objetivo conseguir “la quinta esencia” de las plantas extrayendo sus aceites esenciales a través de la técnica de la destilación. En este sentido, los árabes tomaron ventaja en el desarrollo de la alquimia ante la decadencia de la industria del perfume en Occidente, perfeccionando el alambique para destilar el alcohol, que emplearon para obtener la base del perfume. Esto supuso la rápida expansión, comercio y popularidad en la Edad Media y una revolución en la manera de cómo hacer perfumes .
Como se ha señalado con anterioridad, las Cruzadas durante la Edad Media (1096-1291) fueron un hecho clave para la introducción de los perfumes en occidente, ya que fueron los soldados que regresaban a Europa de sus campañas militares quienes traían perfumes y esencias desconocidas en sus países. En el caso de la península ibérica, el perfume recorrió una nueva ruta: llegó hasta Francia, un país que supo industrializar posteriormente. Además, Granada y Sevilla se convirtieron en centros perfumistas muy importantes comparables a Bagdad y Damasco(González, 1994).
En este sentido, ya en el siglo XII se crean las primeras escuelas de perfumistas de la mano de un decreto real del rey Felipe II de Francia. En 1370 un alquimista elabora un extracto de flor de romero y aguardiente, incorporando de esta manera el alcohol a las composiciones y se lo da a la Reina Isabel de Hungría para calmar sus dolores reumáticos, los cuales, a juicio de la monarca, le trajo poderes que le llevaron a su curación. Así nace el Agua de la Reina de Hungría o Agua de Hungría. En tanto, la ciudad de Grasse, en Francia, poco a poco se va convirtiendo en un centro importante para la producción de perfumes.
Con la caída de Constantinopla, la expulsión de los árabes de la península ibérica y el encuentro de Cristóbal Colón con las nuevas tierras americanas, la Edad Media fue poco a poco pasando a la historia, y el Renacimiento supuso un nuevo despertar en la historia del perfume. La influencia de América que supuso la llegada de nuevas sustancias, como la vainilla o el cacao o el bálsamo del Perú (o El Salvador) comenzaron a introducirse a este mundo y los fabricantes empezaron a experimentar con todos ellos. El uso del perfume en esta época se extendía por todo el cuerpo y a los complementos, como por ejemplo en las prendas (guantes, por ejemplo) que se fabricaban ya con piel perfumada. En esta época se puede afirmar que en Italia y en el siglo XVI, se comienza a usar la palabra perfume (Mendez, 2015).
Los aromas de esta época olían a las materias primas de oriente y destacaban porque eran duraderos, fuertes y muy caros. No solo se perfumaba a los hombres y las mujeres de toda Europa (que podían permitírselo), sino también a sus objetos personales, muebles y mascotas (Kusko, 2019).
Durante la Época del renacimiento Florencia y Venecia fueron las cunas de la creación del perfume. Los perfumistas italianos eran reclamados por toda Europa y llegaron a incluso a la corte francesa de la mano de la reina Catalina de Médicis, esposa del rey galo Enrique II. Cuando se fue a vivir con su marido a París se llevó a su perfumista, quienes no tardaron mucho en convertirse en los creadores de perfumes de la élite francesa. La monarca era una gran exponente del uso de los guantes perfumados.
Con el Barroco, en los siglos XVII y XVIII la perfumería triunfa en Versalles y las cortes de Francia, expandiéndose por Europa. En la época dorada de la corte de Luis XV, bautizada como «la corte perfumada», el uso de un perfume por día se pone de moda, los criados bañan en perfumes a las palomas y las liberan durante las fiestas para que esparcir los aromas a modo de ambientador. En este tiempo, emerge la profesión de perfumista y la industria de la perfumería de lujo en Grasse gracias en gran medida a los curtidores de piel, así como sus revolucionarios sistemas de extracción de aromas.
Durante esta época en Europa, comienza el “florecimiento” de los botanistas y de las ciencias naturales y aparecen las primeras clasificaciones de olores en base a sus propiedades. Todo esto se acompaña de avances como la mejora del grado de pureza del alcohol, que propicia perfumes más delicados. Tanto Montpellier como Grasse compiten por el cultivo de las hierbas medicinales y de flores como el clavel, violeta, lavanda, jazmín, rosa o tuberosa y mejoran las técnicas de extracción y de destilación (Academia del Perfume, 2015).
En 1709, Jean-Marie Farina, de origen italiano, crea un perfume al que llama Eau de Cologne (Agua de Colonia) en honor a la ciudad alemana en la que vivía. Se cuenta que se inspiró en el Aqua Mirabilis, una solución alcohólica perfumada con esencias de plantas, producida en la Edad Media en monasterios italianos. Seducido por esta solución fresca y ligera, Farina realizó algunos cambios en la fórmula original introduciendo la bergamota. Seguro del éxito de esta fragancia, decidió crear una fábrica en la ciudad de Colonia para fabricar y comercializar el Aqua Mirabilis di Colonia. Unos meses antes de la venta de su primera agua, Jean-Marie Farina le escribió una carta a su hermano donde describe su nueva creación: “Mi perfume recuerda a una hermosa mañana de primavera después de la lluvia. Está hecho de naranjas, limones, bergamotas, flores y frutas de mi país natal. Me refresca mientras estimula mis sentidos y mi imaginación” (Academia del Perfume, 2015). De esta manera, este noble objeto se convierte en la fragancia preferida por los nobles de las casas reales de toda Europa. Su éxito la lleva a ser muy copiada, convirtiéndose en un término genérico, las “Aguas de Colonia”, el arquetipo de un nuevo gusto de notas frescas y cítricas.
A finales del XVIII y con la Revolución Francesa encima, el perfume es ampliamente usado por la aristocracia, quien, frente a los violentos hechos históricos, impone una cierta austeridad en su uso. Con la aparición de Napoleón en escena, este revitaliza las aguas de colonia, siendo él mismo un gran aficionado y en donde se cuenta que solía llevar un pequeño frasco dentro de su bota listo para ser usado en cualquier momento.
Hasta este momento, los perfumes están compuestos únicamente por ingredientes de origen natural hasta que la alquimia hace posible la química de síntesis, creando moléculas que reproducen y recrean olores, provocando una revolución olfativa que permite la creación de nuevas fragancias.
En 1882, el perfumista Paul Parquet crea la fragancia “Fougère Royale” de la casa Houbigant. Esta creación marcó una nueva tendencia en perfumería de la cual surgió esta nueva familia icónica de perfumes de fantasía, llamada “Fougère”. Este es el primer perfume en introducir en su composición una molécula de síntesis: la cumarina (molécula identificada por primera vez en las Habas Tonka en 1820 y en el aceite esencial de Lavanda). Parquet nunca quiso recrear el olor real del helecho (fougere), pues curiosamente es una planta que carece de olor. Su objetivo fue crear un concepto propio que describe de la siguiente forma: «Si Dios le hubiera dado al helecho un perfume, habría olido como Fougère Royal». (Teixidó, 2024)
Es a finales del siglo XIX cuando se comienzan a usar los nitroalmizcles, descubiertos de forma accidental por el químico alemán Albert Baur al sintetizar 3-tert-butyltoluene con la esperanza de que fuera un explosivo aún mejor que TNT. Denominado posteriormente “Musk Baur” fue el primero de una serie de musk sintéticos. Precisamente en 1894, Baur decide ir más allá y descubre el Musk Ketone o “almizcle de cetona”, considerado el olor más parecido al del almizcle natural (Besfer, 2021).
En 1828 Pierre-François Pascal Guerlain crea su compañía de perfumes, dejando un gran legado de creaciones de perfumes, vigentes hasta hoy. Años después, François Coty funda una farmacia y un laboratorio parisino donde elabora su primera fragancia. En 1917 lanza el perfume “Chypre” y su empresa obtiene tanto éxito que crea el complejo industrial Cité des Parfums. El perfume se convierte entonces en un producto de lujo con escala mundial.
La Exposición Universal de Paris de 1900, reafirmó el imperio del perfume francés por el mundo. De acuerdo a cifras de la época, más de 20 mil personas trabajaban en esta industria y sus exportaciones eran considerables. El frasco también era decisivo en la venta de la perfumería francesa. Los artistas unieron las corrientes artísticas del momento, art-decó, con los frascos de perfumería. La colaboración entre el perfumista Coty y el vidriero Lalique fue decisiva para conseguir un diseño atractivo para los productos del primero y se valieron de esta conjunción los Orsay, Guerlain, Lubin, Molinard, Piver, Roger y Gallet y un largo etc. Baccarat, otro vidriero, colaboró para Desprez, Hubigant y Caron. (González, 1994)
En 1921 Ernest Beaux crea con gran éxito el famoso Chanel Nº5 para Coco Chanel. Tras la Segunda Guerra Mundial, Christian Dior une la moda con el perfume con la presentación del New Look. Con tanta ebullición en la moda, los años 50 marcan el apogeo de la perfumería francesa y los grandes diseñadores lanzan sus propias fragancias. Los perfumes se popularizan y aligeran. Y se desarrollan las fórmulas eau de toilette para perfumar a los hombres (Doré, 2018).
Las reivindicaciones sociales entre los 60’s y los 80’s instalan el patchouli y aparecen las fragancias frescas. Hacia 1980 los perfumes son más fuertes y se imponen las fragancias frutales y dulces con olor a caramelo y vainilla. Aparece la primera versión unisex, el histórico y aún vigente One de Calvin Klein y se potencian las esencias naturales. En 1992, “Angel” de Thierry Mugler marca un hito y se posiciona entre los mejores perfumes de Europa. Asimismo, nuevos actores surgen en escena o posicionan, por un lado, norteamericanos, tales como Ralph Lauren, Calvin Klein, la casa Beverly Hills, Halston, Estee Lauder, Elizabeth Arden, entre tantos otros. Y japoneses tales como Kenzo. Durante esta época, se populariza y masifica el uso de la perfumería comercial en todo el mundo, y nuestro país, Chile, no queda al margen de este fenómeno (Gauthier, 2012).
En el siglo XXI celebridades de todos los ámbitos lanzan sus perfumes. Se imponen los aromas dulces y se masifican los productos asociados a la perfumería como geles de ducha, desodorantes y lociones corporales, provocando una alta oferta de productos en materia de aromas y envases para responder a todos los públicos y segmentos. Asimismo, se apela en las creaciones hacia lo eco-friendly, apareciendo aromas sustentables con el medio ambiente en distintos formatos y fórmulas.
Asimismo, durante los últimos 20 años, la aparición masiva en la escena comercial de la perfumería “de autor” o “niche” comienza a florecer en los mercados apelando a la calidad de los ingredientes, origen, concentración, autor y calidad del envasado, entre otras características que ha provocado una dinamización del sector del perfume.
FUENTES
- Academia del Perfume, Madrid, España. Sitio web disponible en: https://www.academiadelperfume.com/
- Besfer, Teresa. “La cosmética tiene su historia” (2021) “Articulo disponible en: https://www.linkedin.com/pulse/la-cosm%C3%A9tica-tiene-su-historia-tere-besfer/
- Cardona F.L. “Perfumes, Pasado y Presente”, Iberlibro, 1995, Madrid, España.
- Doré, Jeanne “El Gran Libro del Perfume, Por una Cultura Olfativa”, NEZ Magazine, Plataforma Editorial. 2018, Impreso en España. Paris, Francia.
- Fernández Alvarez, María Dolores, “LA EVOLUCION DE LA POMA DE OLOR, SU PAPEL EN LA PROFILAXIS MÉDICA, RITOS Y MODA”.(2024), artículo disponible en: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-evolucion-de-la-poma-de-olor-su-papel-en-la-profilaxis-medica-ritos-y-moda/html/
- Gauthier, Marie Benedicte “Perfume Míticos”, Lunwerg Editores, 2012, Barcelona, España.
- González, Rosa. “Historia del Perfume, Aromas de Leyenda, Creaciones de Lujo” Temas de hoy, 1994, Madrid, España.
- Kusko, Federico. “Odorama: Historia cultural del olor” (2021) Editorial Taurus. España.
- Lázaro, Belén Artículo “Origen del perfume: ¿Dónde se creó?,del Diario Libertad Digital”, edición del 23.07.2024. Disponible en
“https://www.libertaddigital.com/cultura/historia/2024-07-23/origen-del-perfume-donde-se-creo-0e-7149521/#:~:text=Las%20expediciones%20militares%20a%20las,hizo%20que%20sus%20habitaciones%20fueran
- Mendez, Inma, “Renacimiento del Perfume” (20159 artículo disponible en “https://olfateando.wordpress.com/2015/12/28/el-renacimiento-del-perfume-catalina-ya-lo-habia-entendido/
- Noain, María José. “El Aceite, el líquido más preciado en el imperio Romano”(2024), artículo disponible en https://historia.nationalgeographic.com.es/a/aceite-articulo-multiusos-romanos_11568.
- Teixidó, Agnes. “Diccionario de perfumes: la familia Fougère’(2024)”, artículo disponible en https://www.glamour.es/galerias/perfumes-fougere.
